El olvido del Futuro

Por Leonardo Reales Chacón.

 

Casi ha pasado un año cuando tuve la honrosa oportunidad de participar en una contienda política la cual a pesar de los guarismos no por eso dejó de ser apasionante y constructivo sobre todo por la experiencia que nos dejó porque en la práctica de ella, es que cualquier evaluación cobra mayor sentido.

Independiente de los resultados obtenidos y del natural sabor que estos pueden dejar en la persona humana, lo cierto es que transcurrido todo este tiempo lo único que se observa es que nada ha cambiado en ella, excepto las hojas del calendario. Nada nuevo ni diferente se ha avizorado en el escenario local, al parecer  nos hemos  acostumbrando al “status quo”,como si la política solo fuera de interés para  los “políticos” y no a toda una comunidad a la cual llamó polis aristotéles. De continuar este escenario, los resultados que se esperarían no solamente serán desastrozos para quienes interpretamos la política desde las ciencias sino también para esta sociedad sumergida en la democrática racional.

Cuándo recibimos aquella invitación de participar en ese proceso, la pretensión que nos asistió mas allá de cosechar y granjear un potencial electoral la cual en el fondo raya con la ética del bien común sobre todo cuando se trata del debate de las ideas, fue la de aportar un grano de arena que sirviera de algo para la concientización de que en medio de esta “selva política” todavía puede tener cabida la filosofía de las propuestas democráticas. Todo lo anterior para que sirviera para ir desplazando las propuestas  clientelistas con las cuales han ido socabando las raíces de una verdadera democracia con la cual  nos han ido acostumbrando en los últimos 15 años de vida republicana. Este es el deber ético en la política.

Hoy cuando se avizora una nueva contienda electoral cuya pretensión es elegir nuevas autoridades locales para que  dirijan el honroso  destinos de los ciudadanos,-alcaldes, gobernadores, diputados y concejales- densos nubarrones ciernen sobre el escenario político. El erario público, los intereses grupistas e incluso el concepto del “digno sucesor”  al cual también se le suma los de familia siguen siendo las razones de la próxima campaña política.  El dulce néctar que simboliza el poder seguirá siendo la constante en el debate, la campaña política será el espacio ideal para que las  empresas egoístas e individualista sigan creciendo descaradamente. El interés público, el pretendido, solo quedará reducido a la retorica del discurso para quienes tienen el deber de asumirlos como deber y no como opción.

Mientras permanezcan estas costumbres, no solo los problemas seguirán siendo los mismos sino que se le sumará algo que apenas empieza a sentirse y que poco a poco se ha ido convirtiendo en el bumerán el cual a empezado en forma silenciosa reduciéndole los espacios para terminar borrándolos del escenario. Ojalá florezcan ya  no las “amapolas” pero si aquello que en el siglo XVlll el excelso filósofo Kant exigiera para la política y la democracia: la reconstrucción de la sociedad “ilustrada” es decir, formada que se “atreva a pensar”.

Lo cierto de todo esto es que no hemos dejado de reflexionar muy  a pesar  del silencioso olvido al que hemos sido reducidos como resultado de nuestras convicciones, siendo constantes en nuestra linea de conducta  como kantianos que pretendemos ser,  y actuando desde lo profundo de nuestras razones la cual ha sido formada en el radicalismo liberal y fortalecido por el análisis diario de los textos literarios. Seguimos parodiando al gran poeta Neruda rehusando  morir en el ostracismo del olvido que pareciera ser el destino para quienes aún soñamos con que la democracia sea del “pueblo, para el pueblo y con el pueblo”. La lucha para que “el olvido del futuro” no termine por sepultarnos mientras a ellos  el “leviatán” que han erigido los sigue consumiendo como la serpiente a su presa.

Infortunadamente nuestra clase política en el afán por el poder a dejado atrás los mínimos principios que cualquier ser humano pudiera esperar que se les respetara por parte de aquellos a los cuales se acostumbró a llamar “jefes políticos”. La libertad de la opinión, la “ilustración” como la llamara Kant poco o nada interesa o se tiene valía. Hoy los actores políticos son medidos mas por sus aportes electorales que por su intelectualidad, siendo esta última reemplazada por otras “logísticas” conque persuaden el pensamiento de una comunidad amorfa. La consigna de hoy es la filosofía clientelista utilitarista, hoy cuentan el cuanto tiene no el cuanto sabe.

Los que aun soñamos con el candor de la política, que creen la dogmática de la democracia, donde “el primer derecho del pueblo es su libertad para decidir” como enseñara en el siglo XIX Benjamín Erhardt  simbolizan una carga difícil de soportar. Mientras lo mas importante y útil para la política sea la medición de guarismos electorales, la eficacia del método de la penetración en la conciencia social, estará condenada a ser expectante como en el circo romano.

Aún guardamos la esperando de que se reconsidere el camino y el tiempo perdido. Que se retome el sendero, que lleguen a la contienda próxima hombres con un pasado publico de seriedad, respeto y desprovisto de aquellas pasiones que pudiera despertar el poder de gobernar. Necesitamos que vuelvan los hombres de academia, de ciencia cuyas cartas de presentación no sea otra que su conducta publica como patrón universal. Necesitamos que al departamento como los municipios lleguén la experiencia, la madurez y el aplome del hombre publico. Que la influencia de actual poder no sea la razón que justifique la aspiración ni la emoción propia de la juventud la que la impele. Aún no se escuchan esos nombres solo el ofrecimiento de lo mismo. Necesitamos retomar el camino el que Si se puede.

Si no queremos que ese leviatán que se ha ido erigiendo a sus espaldas termine por acabarlos deben replantear con suma urgencia su rumbo. El gran filósofo español José Ortega y Gasset planteaba en escrito la “democracia morbosa” que todo hombre antes de declarar que es un demócrata debe saber realmente qué es, sólo así puede transformar la política. La democracia es el mejor escenario para desarrollar la libertad ciudadana y el tinglado donde se pueden sobreponer las dificultades. Ojala en este debate regresen los verdaderos hombres políticos, los que silenciosamente pueden mostrar lo que hicieron y lo que se puede esperar de ellos, necesitamos a los “ilustrados”.

 

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